Lunes… de nuevo… sueño y despertadores…
Lunes… se acabó la magia del fin de semana… ¿o no?
Aquà os dejo un cuento para que no despertéis de vuestros sueños…
Besitos de agua…
Érase una vez Ernesto, un niño a quien le gustaba mucho (fastidiar a) una niña. A Salomé.
Y érase Salomé, la niña que fue a contar a su mamá todo lo que Ernesto le habÃa hecho. Todo: Le habÃa tirado del pelo. Le habÃa quitado el sombrero. Le habÃa arrancado las gafas a propósito. Entonces su mamá le dijo que sin duda Ernesto era un poco bruto y que seguramente lo que pasaba es que querÃa jugar con ella, pero no sabÃa cómo decÃrselo. Y la mamá le dijo también que Ernesto, sin duda, estaba enamorado de Salomé.

En el recreo, Candela dijo: ¡Enamorado de Salomé! Y ¿qué es estar enamorado?
Salomé tampoco sabÃa que era aquella cosa morada.
Guillermo lo que sabÃa es que se cae, se cae rendido de amor.
Salomé se habÃa caÃdo muchas veces de la bicicleta, ¡pero de amor nunca!
¡Los enamorados son cosas de los cuentos! -dijo Mateo.
¡Ah, sÃ! Con prÃncipes y princesas. ¿Con vestidos muy bonitos? ¿Y con espadas? ¿Y reyes? ¿Y reinas? ¡Y dragones!
Entonces, ¿los enamorados son de mentira? -preguntó Salomé.
Nicolás creÃa que cuando alguien está enamorado se pone triste, le da como vergüenza y se le pone la cara roja.
- ¡Es estar hipnotizado! -dijo Lucas
Salomé comprendió, entonces, que estar enamorado es volverse un poco loco.
La pequeña Micaela habÃa oÃdo algo de un rayo que te atraviesa ¡Es de fuego! ¿Y quema? ¡Es un relámpago! ¡Es una tormenta!
-¿Entonces llueve? -preguntó Lorena.
Y Salomé llegó a la conclusión de que ¡hay que llevar paraguas para estar enamorado!
Pero Tomás dijo que estar enamorado es una cosa del corazón.
-¿Quieres decir que te duele el corazón? ¿Y te da fiebre también? ¿Y no puedes hablar? ¿Entonces te pones enfermo?
- ¡Qué cansado debe ser estar enamorado! -suspiró Salomé.
-¡Hay que ser dos para estar enamorados! -aseguró Lucas
-¿Y uno solo no se puede? ¿Y tres? ¿Y cuatro? ¡ah, ahhh, todos enamorados!
- Pero por fin, ¿cuántos tienen que ser? -preguntó Salomé.
Ana sabÃa que estar enamorado es para casarse, sin duda. Es para los señores. ¡Y las señoras! ¡Es para los papás y las mamás!
Entonces, ¡hay que ser mayor para estar enamorado! -pensó Salomé.
-¡Puff! estar enamorado, eso no pasa nunca -suspiró Leonardo.
-¡Sà que pasa, cada dÃa! ¡Y es para siempre!
-¿Y para cinco minutos no?
-¡No!, ¡es para toda la vida!
-¡Oh!, pero eso es demasiado tiempo, ¿no? -dijo Salomé
-¡Estar enamorado es algo muy importante! -decretó Manuela- ¡Es para la profesora! ¡Es para tu mejor amiga!
-¿Entonces es sólo para chicas?
-¡Claro que n! ¡No!, ¡es sólo para los chicos! -gritó Salomé.
Serena soltó una risita, porque los enamorados ¡se dan besos! ¡Y se dan la mano! ¡Estar enamorados es para hacer bebés! ¡Uhh, uhhh!
¿Por casualidad no habrá que ir desnudo para estar enamorado? -sugirió Salomé.
-¡Enamorados es estar como en un sueño! -dijo Jacobo
-¡Es como flotar en el cielo! -dijo Mauricio- Con flores ¡Y tener alas!
Y Salomé concluyó que para estar enamorado hay que ser un ángel.
Entonces llegó Ernesto (el enamorado) para traquetear, una vez más a Salomé, y tirarle la cartera y pisarle el abrigo, a propósito. ¡Y nadie dijo ni una palabra! Y Salomé pensó ¡que sus amigos tendrÃan que explicarle urgentemente a Ernesto lo que significa estar enamorado!
R. Dautremer